Buscando Ayuda Psicológica
Por Alfonso Martínez-Taboas, Ph.D.
Presidente, Asociación de Psicología de P.R.
En días recientes se comentaba que había
resistencia de un número indeterminado de policías
para buscar ayuda psicológica o psiquiátrica. En el
presente artículo voy a bosquejar cuáles son algunas
de esas barreras que hacen que una persona se muestre resistente
a buscar ayuda para sus problemas de salud mental.
Un primer argumento que he escuchado innumerables veces es que “yo no voy
al psicólogo porque no estoy loco/a”. Este estereotipo es relativamente
fácil de refutar. En primer lugar, la gran mayoría de las personas
que van a un consultorio a buscar ayuda no están locos ni nada que se
parezca. Para aclarar, a nivel popular se utiliza la palabra “loco” para
describir a una persona que no tiene contacto con la realidad consensual. La
gente que típicamente viene en busca de ayuda psicológica acude
porque tiene unas dificultades que no logra solucionar de manera exitosa. Son
comunes problemas de pareja, conflictos familiares, dificultades en el empleo
o los estudios, y el deseo de tener una auto-estima más robusta. Alguna
gente acude porque no puede aceptar ciertas adversidades pasadas, tales como
un rechazo amoroso o algún evento traumático en la niñez.
En otras palabras, son gente como usted y yo, pero que no han podido lidiar de
manera exitosa con las vicisitudes de la vida. Ir a buscar ayuda psicológica
implica identificar las situaciones problemáticas y realizar el correspondiente
desahogo emocional. Luego de esto, se buscan opciones y alternativas que el cliente
no había considerado o no sabía utilizar. Por lo tanto, ir a terapia
no es hablar de locura; en vez, es dar un viaje de sanación mental y emocional,
con la expectativa de poder tener una mejor calidad de vida y descubrir fortalezas
y estrategias para lidiar mejor con los problemas de la vida. Pero, ¿es
esto efectivo? Literalmente, miles de estudios clínicos indican que la
psicoterapia es una estrategia poderosa de cambio para mucha gente.
Otro argumento que uno escucha, esta vez más en clientes varones, es que
ir a buscar terapia psicológica implica admitir que soy débil y
que no mereceré el respeto de los demás. Otra vez el argumento
se basa en una equivocación; y en una que puede estar reflejando un machismo
que parte de la premisa (totalmente equivocada) de que los hombres lo aguantan
todo y que no deben sufrir de miedos o tristeza. Este argumento es una falacia
ya los hombres, al igual que las mujeres, tenemos emociones y sentimientos. Esto
implica que ciertas experiencias de vida nos pueden doler mucho, y hasta hacernos
sentir desvalidos. No es pues, el momento de negar o reprimir la angustia. En
vez, es el momento de actuar con sabiduría y reconocer que soy un ser
humano y que necesito en este momento la mano de un profesional que me ayude
a fortalecer y descubrir lo mejor de mi mismo.
Un tercer argumento, y uno muy nefasto, es que los niños/as que pasan
por adversidades o traumas, con el tiempo se les olvida lo que les sucedió o
lo superan todo. Aunque es cierto que hay niños/as que ante las adversidades
no se afectan y muestran resiliencia, también es cierto que la niñez
es una etapa de vida en donde estamos muy vulnerables a que las adversidades
trastoquen seriamente nuestra personalidad y visiones de vida. Por eso es que
mucha gente que acude a un servicio psicológico lo hace para sanar experiencias
de maltrato y abuso que sufrieron en la niñez. Por lo tanto, cuando un
adulto perciba a un niño con depresión, ansiedad o traumatizado,
es un buen momento de buscar asesoría psicológica. El pasar del
tiempo no ayuda a mucha gente a superar sus problemas. Al contrario, los hace
perpetuar y magnificar el dolor.
En resumen, buscar ayuda psicológica es rehusarse a continuar arrastrando
sufrimientos y estilos dañinos interpersonales. Muchas veces ir a terapia
es descubrir senderos alternos de crecimiento y bienestar, que repercutirán
en una mejor calidad de vida.
AMartinez@albizu.edu
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