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La Falacia de la Familia Natural

Por Alfonso Martínez-Taboas, Ph.D.
Presidente, Asociación de Psicología de P.R.

Me ha llamado la atención que en el debate en torno a la revisión del Código Civil, varios líderes religiosos y conservadores han apelado a la noción de que existe una “familia natural”. Por esto, obviamente, se refieren a que la naturaleza ha decidido revelarnos que la familia que prevalece en el actual (pero anquilosado) Código Civil debe ser aceptada como universal e inmutable. Todo cambio y toda transformación deben ser rechazadas como aberraciones a la naturaleza.

Este argumento no sólo es evidentemente falso, sino uno peligroso para una sociedad de avanzada. Este argumento es falaz porque desde el punto de vista antropológico y sociológico, se sabe que han existido y existen una variedad impresionante de tipos de familias. Con sólo tomar un texto básico sobre sociología familiar, se dará uno cuenta de inmediato de que hay familias donde existe la poliandria, la poligamia y la poliginia. Por ejemplo, el renombrado antropólogo G. P. Murdock en su estudio clásico Social Structure encontró que de 238 sociedades humanas, sólo en 43 la monogamia era reglamentada como el único método aceptable de matrimonio. Aún en la historia de las sociedades occidentales, se sabe que la composición y naturaleza de la familia ha cambiado radicalmente. Por ejemplo, para la Edad Media era aceptable que los niños y niñas menores de 12 años se casaran. . Estos casamientos no eran por amor, sino para consolidar imperios, naciones y familias.  La socióloga Nilda López-Cruz en un libro reciente, documenta, por ejemplo, que durante los siglo 18 y 19 en Puerto Rico la misión familiar de la mujer era casarse bien joven, tener muchos hijos, cuidar de éstos y dedicarse al trabajo doméstico. Dentro de estas circunstancias sociales la mujer no debería de estudiar ni trabajar fuera de su casa. Como bien dice López-Cruz: “La educación en la mujer era vista como una desviación de las normas sociales”.

Traigo estos datos porque los científicos sociales hemos aprendido una lección: lo que es normal y funcional en una época histórica, viene a ser una desviación en otra. Hace 100 años era “natural”, normal y deseable que una jovencita se casara a los 15 años y ya a los 30 años hubiese tenido 10 hijos. A su vez que se le prohibiera ir a la escuela, y que en su noviazgo no debería ser vista hablando en público o mantener ningún tipo de contacto fuera de la supervisión familiar. Como bien dice López-Cruz: el noviazgo, tal y como se conoce actualmente, no se conoció en Puerto Rico.

La lección es clara: no hay tal cosa como una familia ya dada por la naturaleza. En vez, tenemos todo un kaleidoscopio de alternativas familiares, que de acuerdo a la época y a las circunstancias económicas y sociales se tornan en funcionales o disfuncionales. Esto nos lleva al meollo de nuestra preocupación. El propuesto nuevo Código viene a reconocer que los puertorriqueños vivimos en un mundo social pluralista, en donde un número creciente de personas han escogido trazar sus vidas con fórmulas alternas a las establecidas en el anquilosado Código Civil. El viejo Código quizás tuvo su utilidad en cierto momento, pero dado lo limitado que resulta para comprender y asimilar toda una constelación de vías alternas de convivencia social, se torna entonces en un Código castrante, y uno que no se atempera a un hecho ineludible: que las sociedades son entes cambiantes y dinámicos.

Un Código Civil que no se adapta a nuevas realidades sociales y que no posee la flexibilidad necesaria para asimilar cambios en las relaciones familiares, penalizará innecesariamente a innumerables miembros de nuestra sociedad. Esta laceración social obviamente impactará en su salud mental. Desde sentirse estigmatizado, rechazado, impotente o hasta  objeto de discursos de odio.

Somos muchos los que tenemos nuestras esperanzas en que la capacidad de nuestros políticos trascienda el miedo y la amenaza irracional de ciertos grupos ultra-conservadores, y puedan darse el espacio de ponderar, analizar y realizar las debidas modificaciones a nuestro Nuevo Código Civil.


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