El Trabajo en el Siglo XXI: Disfrute o Tortura
Ivonne Moreno-Velázquez, PhD
Pasada Presidenta APPR
24 de agosto de 2006
Periódico El Nuevo Día
A tan sólo unos días de la celebración del día del trabajo es pertinente una reflexión sobre este espacio al cual la mayoría de nosotros dedicamos entre 4 hasta 12 horas al día. Para algunas personas el trabajo es fuente de inspiración, para otras una tortura. La palabra "trabajo" (tripalium) proviene del latín tripalis, un instrumento de tortura hecho de tres palos. Esta no parece ser una visión muy inspiradora del trabajo, sin embargo, representa la que algunas personas tienen de su lugar de trabajo. Un estudio informado por Cascio (2006) sugiere que sólo el 14% de los/as trabajadores en los Estados Unidos están muy satisfechos/as con sus trabajos, que el 25% asiste al trabajo para poder recibir su paga y que un 24% renuncia voluntariamente.
El significado que para cada uno/a de nosotros tiene el trabajo está vinculado a las experiencias propias y observadas en las personas significativas a lo largo de nuestra vida. Los niños/as comienzan a desarrollar su expectativa sobre el trabajo a través de sus observaciones sobre la relación de sus padres y otras personas cercanas con su trabajo, al igual que con sus lecturas y programas de televisión. Recordaremos a Pedro Picapiedra cuando después de un largo y duro día de trabajo sale corriendo al sonido del silbato o la ingeniosa Mafalda en la tirilla en la cual decía: "¡Una manda un padre al trabajo para que le devuelvan esto!" ante el dibujo de un padre ojeroso y agotado o por el contrario a los 7 Enanitos de Blanca Nieves que salen cantando jubilosos hacia su trabajo. Vilma, Betty, la Mamá de Mafalda y Blanca Nieves estaban en sus casas a cargo de las tareas del hogar, reforzando la visión tradicional de los roles de género asignados. Las expectativas que creamos desde tan temprana edad se confirman y des-confirman a través de la vida.
¿Qué hace que una persona anticipe su día de trabajo con regocijo y otra como una tortura? La expectativa que tenemos de lo que sucederá allí. ¿De qué depende? Por una parte, de las condiciones creadas en ese lugar de trabajo por cada uno/a de sus integrantes, incluyendo su disposición a contribuir, crecer, desarrollarse e integrarse activamente en su equipo de trabajo. Por otra, el grado al cual los/as líderes provean las condiciones para la contribución, crecimiento, desarrollo e integración que permita que la persona sienta que trabaja en un lugar saludable en el cual siente que está en control de su vida en y fuera del trabajo. O'Toole & Lawler (2006), en su libro The American Workplace, postulan que las decisiones que hacen los ejecutivos/as con relación a las condiciones de trabajo proveen las mayores oportunidades para mejorar las condiciones de trabajo en América. Sin embargo, hoy en un mundo del trabajo en que las mujeres representan el 60% de la fuerza de trabajo y sobrepasan a los hombres en trabajos gerenciales y profesionales, muchas renuncian a sus trabajos porque no sienten que son valoradas, sus compañías no ofrecen políticas flexibles o su trabajo no representa reto intelectual. Éstas no renuncian para irse a su casa o a compañías con políticas más flexibles. El costo de reposición de un empleado/a para las compañías es equivalente 1.5 a 2.5 veces su salario. Imaginemos lo que esto representa en compañías que operan con miles y hasta millones de personas.
Esperemos que el próximo Día del Trabajo sea un espacio de reflexión sobre las formas en que cada uno/a de nosotros/as podemos contribuir, desde el lugar en que nos encontremos, a crear organizaciones en las cuales cada uno/a de sus integrantes tengan el espacio para producir, servir, crecer y sentirse valorados/as. Felicitaciones a todos los trabajadores y trabajadoras en su Día.
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