LOS ROSTROS DE LA GUERRA
Por Vivian Rodríguez Del Toro
Presidenta, Asociación de Psicología de P.R.
Publicado el 27 de julio del 2006
Periódico El Nuevo Día
El sábado 22 de julio, la portada de este periódico retrataba el rostro angelical e inocente de Inaan, una niña Boricua-Libanesa atrapada en la caótica e incomprensible realidad que para ella, como para tantos ninõs/as representa la vida en el centro del actual conflicto bélico entre Israel y Líbano. La historia de Inaan y su papá trajeron a mi memoria las escenas de la película "La Vida es Bella" del director italiano Roberto Benini, ganadora de un Oscar como mejor película extranjera. El papá de Inaan, al igual que el personaje de Benini en la famosa película, crearon para sus pequeños una historia de fantasía que los protegiera del temor y sufrimiento de conocer la verdadera realidad que les rodeaba: la guerra.
Para Inaan, los bombardeos nocturnos son "fuegos artificiales" y las explosiones y sirenas son combinaciones de bocinas de automóviles. Esta historia, como las de muchas víctimas inocentes de las guerras a lo largo de la historia de la humanidad, nos debe llevar a reflexionar: ¿existen razones capaces de justificar tanta muerte, destrucción, enfermedad y desolación que producen las guerras? ¿Cómo se le puede llamar santa a una guerra ? ¿Cómo le explicamos la guerra a niños/as, especialmente a los/as que viven dentro de ella?
¿Quién es el enemigo y de cual lado está Dios? Sobre este asunto es la trama de una película Francesa exhibiéndose en P.R. en estos días "Joyeux Noel" (Merry Christmas) titulada en español "Navidad en Paz" . Se trata de un hecho verídico acaecido durante la Primera Guerra Mundial en la navidad de 1914. Las tropas enemigas (Alemanes y los Aliados) se encontraban atrincheradas muy cerca unas de otras y de forma espontánea decidieron entre ellos declarar una tregua durante la Nochebuena y el día de Navidad. Los soldados enemigos compartieron comida, bebida, cigarrillos y más aún confraternizaron hablando de sus familias, cantando, jugando, orando y bebiendo juntos. El resultado de esta experiencia fue que posteriormente se protegieron mutuamente de los ataques de cada bando, aún en contra de las directrices y reglas de su ejército y comandantes, por lo cual todos fueron posteriormente castigados por sus superiores. Esta historia no fue creada para entretenernos, fue un hecho real históricamente documentado. La gran lección de este incidente, que podemos igualmente relacionar con el presente, es el reconocimiento de la similaridad humana, independientemente de las diferencias de nacionalidad, idioma, género, creencias religiosas, políticas, clase social, cultura. Todos los seres humanos tenemos las mismas emociones, necesidades, deseos, sueños, etc. Lo que cambia es la forma, momento, intensidad y particularidad con que las expresamos y satisfacemos. No le duele menos a un Israelí que a un Libanés o viceversa perder a un ser querido, sufrir la destrucción de su hogar, su barrio, su ciudad, su país. Los rostros del dolor y la tragedia de la guerra no tienen nación ni color, son los rostros de toda la humanidad. (vivirodtoro@yahoo.com).
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