Adversidades y Fortalezas
Por: Alfonso Martínez-Taboas, Ph.D.
Presidente Electo Asociación de Psicología de Puerto Rico
Las adversidades, tribulaciones y las experiencias traumáticas siempre han sido parte intrínseca en la vida del ser humano. Las guerras, las catástrofes naturales, los accidentes, y la violencia interpersonal son algunos ejemplos fehacientes de eventos que pueden desestabilizar una sociedad.
En días recientes, todos los puertorriqueños vivimos un fenómeno social doloroso y nada inspirador: nuestros líderes políticos estuvieron sumergidos en un atolladero ideológico cuyo resultado fue la cesación masiva y sin precedente de los empleos de casi cien mil personas. Un evento así repercute en la fibra social de un pueblo y obviamente presenta unos retos a miles de personas.
En momentos como estos, muchas veces los profesionales de la salud mental le dan énfasis a las reacciones patológicas de la gente. Se menciona la depresión, suicidios, violencia doméstica, ansiedad masiva.o sea, un desequilibrio total en los puertorriqueños. Dentro de este discurso somos frágiles, débiles y, peor aún, estamos destinados a sufrir de innumerables trastornos mentales. Este discurso puede resultar peligroso en un momento así porque mucha gente puede tomarlo como un hecho inevitable y doblegarse innecesariamente ante momentos de adversidad.
Aunque no tengo dudas de que hay personas que pueden experimentar reacciones emocionales como las mencionadas arriba, creo que este discurso patogénico o de disfunción colectiva debe ser balanceado y atemperado. Desde hace décadas los psicólogos han estudiado muy de cerca cómo la gente reacciona a diversos traumas; desde los civiles londinenses que fueron bombardeados a diario por la aviación nazi por casi dos meses; naciones que día a día experimentan un terrorismo rampante; y naciones devastadas por enfermedades y fenómenos naturales. La gran conclusión de todos estos estudios es que aunque en momentos como estos el sufrimiento aumenta, mucha gente no sólo no cae en patologías sino que se crecen y fortalecen ante la adversidad. El término que se utiliza en inglés para esto es resiliency, el cual ya ha comenzado a traducirse en español como resiliencia .
¿Qué es la resiliencia? Esta está constituida por diversas reacciones conductuales/cognitivas/emocionales, que protegen al ser humano ante las adversidades, tales como fortalecer su relación con Dios; la ramificación de lazos sociales, comunitarios y familiares que antes estaban desperdigados; el desarrollo de nuevos significados a la vida que implican más sabiduría y madurez; y descubrir que aunque la persona pasó por todo ese momento turbio, sobrevivió al mismo. Para mucha gente el sufrimiento les hace apreciar más la vida e incluso desarrollan un sentido más vigoroso de auto-eficacia.
Históricamente los puertorriqueños hemos pasado por eventos desestabilizadores tales como diversos huracanes que han sido devastadores, la crisis de Vieques, y más sigilosamente una indefinición política producto de nuestro estatus colonial con toda la consabida crisis de identidad que esto acarrea. Sin embargo, eventos con potencial de destruir y diezmar una nación, no han podido doblegar el espíritu resistente del puertorriqueño. Podemos sentir estrés e inseguridad, pero los habitantes de esta bella isla hemos probado una y otra vez que sabemos enfrentarnos y solucionar todos estos embates.
Por lo tanto, en un momento de desestabilización masiva como el que pasamos, no debe caber duda de que más allá del sufrimiento llega el valor, más allá del trauma llega la fortaleza, más allá del desencanto llega la sabiduría, más allá del desengaño con nuestros líderes puede llegar el momento de un pueblo que ponderará mejor la relación que tendrá con éstos y repudiar el fanatismo ciego que ha caracterizado la política puertorriqueña.
Estos son momentos en que podemos trascender como pueblo, como familia, como personas. Darnos cuenta de que siempre hay opciones para el dolor y que en momentos como estos nuestra meta de vida es buscar todos aquellos recursos externos e internos para lograr ese balance preciado en nuestra salud mental.
|